jueves, 11 de enero de 2018

Cuestión de correspondencia


Lo maté sin darme cuenta. No creo que fuera la primera vez.
Max Aub,  "Crímenes ejemplares" 


Lo maté porque sólo me traía malas noticias.
Yo ansiaba su llegada, pero nunca llamaba a mi puerta; le oía pasar de largo y dirigirse al piso del abogado, que recibía correspondencia todos los días. Le saludaba muy ceremonioso y le hacía firmar en su libro, ese que confirma la recepción de las cartas importantes.
A mí sólo me dejaba sobres arrugados en el buzón, sobados por la indiferencia de todas las manos por las que habían pasado. Manchas de tinta, esquinas dobladas, etiquetas a medio despegar… nada que ver con la correspondencia inmaculada que entregaba a mi vecino. La mía siempre contenía lo mismo: facturas, requerimientos de pago, extractos bancarios en rojo…
Yo suspiraba por recibir alguna carta diferente, con mi nombre escrito con una bonita letra en tinta azul de estilográfica y un remite de una tierra lejana. Soñaba con que una mañana llamaría a mi puerta, me preguntaría si era doña María de tal, me entregaría un sobre perfecto y me haría firmar en su libro. Yo abriría la misiva en la misma puerta, nerviosa, y recibiría buenas noticias, de esas inimaginables.
Ayer desperté con un presentimiento y esperé nerviosa la llegada del cartero. A media mañana le oí subir en el ascensor y recorrer el descansillo, sin detenerse. Entregó las cartas al abogado y, en vez de bajar las escaleras silbando, como siempre, se paró delante de mi puerta. Yo espiaba por la mirilla y le vi rebuscar dentro de su bolsa. El corazón se me aceleró y dejé de respirar. Estiró el brazo a una velocidad lentísima y, cuando alcanzó el timbre, ya casi me había muerto por falta de oxígeno. Abrí temblando, me preguntó si era doña María de tal, me entregó un sobre perfecto y me hizo firmar en su libro.
Antes de que se diera media vuelta para marcharse, yo ya había abierto el sobre alargado con membrete por delante y por detrás. Saqué el grueso papel que contenía, lo leí y fui a la cocina. Cogí el cuchillo jamonero, lo saqué de su funda por primera vez, y corrí escaleras abajo. Alcancé al cartero en el entresuelo y se lo clavé en la espalda hasta el mango. Gritó un ay que alertó a los vecinos y cayó muerto.
El abogado fue de los primeros en congregarse a mi alrededor. Sus ojos escrutaron los míos, preguntando, sin hablar, por qué. Le alargué la orden de desahucio; él sacó un sobrecito del bolsillo de su americana y me lo dio. Era, al fin, mi buena noticia: una tarjeta con su nombre, un teléfono y la leyenda “Turno de oficio” escrita en tinta azul.
 


The Beatles - "Please, Mr. Postman"

jueves, 4 de enero de 2018

Noche de Reyes



Sólo tú eres capaz de enfrentarte a ejércitos de dragones con un abrelatas, de encontrar pepitas de oro debajo de las lentejas y de entender lo que cuentan los fantasmas. ¿Y vas a permitir que un árbol de plástico con nada bajo sus ramas te ponga triste? No, tú no, papá.


Mariah Carey - "All I want for Christmas is you"

jueves, 28 de diciembre de 2017

Mala hija


Mamá, papá, me han robado el nombre. Sí, no es un cuento, me ha pasado de verdad.
Sé que fue un atrevimiento apropiarme de su nombre, Mrs. Highsmith, y de su querida ciudad, Mr. Poe, pero sus letras circulan por mi sistema inmunitario desde siempre y gracias a ellas he vencido miedos y fantasmas. No podía tener otro.
Es verdad que tenéis más hijos que San Luis y comprendo que estéis hartos de tanto bastardo, pero la venganza ha sido muy cruel.
Hace unos días asistí al acto de presentación de un libro de relatos que incluía uno mío que obtuvo un accésit el año pasado en un concurso de mi ciudad. Entonces no lo conté. Me hizo tan feliz que me lo guardé para mí. Sí, soy muy rara (he salido a ti, mamá).
El acto era doble. Primero se leyó el fallo del concurso de este año y después se entregó el libro del año anterior a los autores publicados en él. Y no me llamaron. Ahí me quedé, aplaudiendo a los demás y sin libro…
Fue una jugada maestra, digna de la trama de una de tus novelas, mamá: en el índice-presentación del libro, mi relato se atribuía a otra persona. Por más que protesté y aseguré que ese relato era mío, no me hicieron ni caso. La invitación no me había llegado por el libro sino porque había participado también en el concurso de este año.
¿Quién era esa persona usurpadora? Pregunté y no estaba presente ni nadie la conocía. ¿Estaba soñando? Ni siquiera me hicieron caso cuando intervino una miembro del jurado, que estaba ahí y me recordaba. Unos días después me llamaron para pedirme disculpas, pues todo se había aclarado, y me aseguraron que los libros que quedan se van a rectificar para que el otro nombre no aparezca nevermore.
Gracias, papá, mamá. Yo sabía que no sois tan malos y que vosotros lo arreglaríais. Al fin y al cabo, soy tan patética que, de haberme conocido, me habríais adoptado.
Os prometo que voy a intentar escribir mejor para que no volváis a cambiarme por otra. ¿Sabéis? En el concurso de este año he quedado segunda.
Vuestra hija, que os quiere,
Patricia Richmond


Coti & Julieta Venegas - "Tu nombre"

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Comando J

Qué bien sienta reírse un rato... "Relato imposible" del programa Escúchate 
de Aragón Radio (13/12/2017) (AQUÍ, a partir min. 5)


Salir de San Petersburgo no había sido fácil. Los registros e interrogatorios eran constantes y cualquier movimiento sospechoso podía echar por tierra nuestros planes. Era una misión peligrosa, pero saber que con esos papeles podía salvar del horror  a miles de personas, me dio valor.
Llegué a Moscú, tomé el Transiberiano y localicé al director de la banda. Estaba con sus hombres en el vagón restaurante, entonando soporíferas baladas militares. Nadie me vio birlarle el maletín que había olvidado en un rincón. Estaba cerrado con llave.
En una mesa, una anciana despachaba su correspondencia. Le pedí prestado un abrecartas y forcé la cerradura para cambiar su contenido por los folios que iban a provocar una revolución. A medianoche mis páginas fueron repartidas entre sus hombres y, al llegar a Vladivostok, Aragón ya era la más famosa y la Jota de la Dolores, lo mejor del repertorio del aburrido Coro del Ejército Rojo.



Coro del Ejército Rojo - "Jota de la Dolores"