jueves, 22 de junio de 2017

Celacanto



Un pez me mira desde la hoja del calendario. Desde hace quince días no me quita ojo, me vigila y su mirada me sigue por toda la oficina.
Mis compañeros empiezan a sospechar que algo anda mal en mi cabeza. Lo sé porque me observan con pena y me recomiendan que me coja esos días de vacaciones que no disfruté el año pasado. ¿Cómo voy a explicarles que me pone nerviosa el pez dibujado en la hoja de febrero?
No sé por qué, pero me perturba y no me deja trabajar. No puede decirse que sea un monstruo, pero es feo y su cuerpo, muy extraño. Hoy, al peinarme, lo he visto reflejado en el espejo del cuarto de baño, nadando dentro de mis ojos.
Al mediodía he tenido que pedir permiso para irme a casa porque me salían burbujas por la nariz. Durante todo el camino he reflexionado sobre la forma de librarme de él y, al llegar a mi piso, ya tenía fraguado un plan.
Sin perder tiempo, me he despojado de la ropa de abrigo, que me estorbaba, he sacado lo que necesitaba del armario de los trastos olvidados y he vuelto a la oficina.
Los compañeros, enmudecidos al verme, se han apartado del calendario. En medio de la sala he extendido el arco, he apuntado y, con seguridad, he disparado la flecha.
El pez ha desaparecido de su página, ha saltado desde mi boca al suelo y, mientras se agitaba en su agonía, me he sentado en mi mesa para facturar, al fin, los pedidos del sector norte. 



Bette Midler - "Too many fish in the sea"

2 comentarios :

  1. Qué surrealista y qué bueno, una prueba más de que tu cerebro y sensibilidad funcionan de forma diferente y genial.
    Un abrazo grande

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    1. Gracias, Ángel. Genial, no creo. Diferente, me temo que sí.
      Un abrazote.

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